Flor de Pez
AtrásFlor de Pez fue durante años un punto de referencia para un cierto tipo de viajero en Punta del Diablo, aquel que buscaba una conexión más directa con la naturaleza sin renunciar a ciertas comodidades. Sin embargo, antes de planificar cualquier visita, es fundamental conocer su estado actual: el establecimiento se encuentra permanentemente cerrado. A pesar de su popularidad y las buenas críticas que acumuló, ya no forma parte de las opciones de alojamiento disponibles en la zona. Este artículo analiza lo que fue Flor de Pez, destacando tanto sus virtudes como sus defectos, basándose en la experiencia de quienes se hospedaron allí.
Una Propuesta de Alojamiento Diversa y Rústica
Lejos de la estructura de los hoteles convencionales, Flor de Pez ofrecía una experiencia de hospedaje variada. Su principal atractivo era la modalidad de "glamping", que consistía en carpas de lona equipadas con camas dobles, ropa de cama y hasta una hamaca paraguaya en el exterior. Esta opción representaba un equilibrio perfecto para quienes deseaban la vivencia del camping pero con un nivel de confort superior. Además de las carpas de glamping, el lugar disponía de parcelas para instalar carpas propias y, según algunas reseñas y listados antiguos, también contaba con al menos una cabaña de madera, descrita como un monoambiente romántico ideal para dos o tres personas. Esta diversidad permitía atraer a un público amplio, desde mochileros con presupuesto ajustado hasta parejas que buscaban una escapada diferente.
Las Zonas Comunes: El Corazón Social del Camping
Un aspecto que definía la identidad de Flor de Pez era su ambiente comunitario, fomentado principalmente en sus áreas compartidas. El camping contaba con una cocina y un comedor de uso común que no solo servían para preparar alimentos, sino que funcionaban como un centro social donde los huéspedes de diferentes nacionalidades podían interactuar y compartir experiencias. Este espacio estaba equipado con lo esencial, incluyendo luz eléctrica, heladera y agua potable. Junto a estas instalaciones, un fogón para hacer asados a la parrilla se convertía en el punto de encuentro durante las noches, creando una atmósfera cálida y de camaradería que muchos visitantes recordaban como uno de los puntos más altos de su estadía. La presencia de hamacas distribuidas por todo el predio invitaba al descanso y la relajación, reforzando la sensación de estar en un refugio natural.
El Gran Talón de Aquiles: La Ducha de Agua Caliente
A pesar de las numerosas valoraciones positivas, existía una queja recurrente y significativa que empañaba la experiencia de muchos: la gestión del agua caliente. Múltiples comentarios a lo largo de los años coinciden en que, de varias duchas disponibles, solo una contaba con agua caliente. Esta limitación generaba largas esperas, especialmente en horas pico, convirtiendo un acto cotidiano como ducharse en una fuente de frustración. Para un alojamiento que recibía una cantidad considerable de huéspedes, sobre todo en temporada alta, este era un inconveniente mayor. Mientras que la limpieza general de los baños y las instalaciones era consistentemente elogiada, el problema del agua caliente se mantuvo como el principal punto débil del servicio, un detalle no menor para cualquier viajero al final de un día de playa o exploración.
Servicios Adicionales y la Atención del Personal
Más allá de las instalaciones básicas, Flor de Pez complementaba su oferta con servicios adicionales que enriquecían la estadía. Se mencionaba el alquiler de bicicletas, tablas de surf y colchones inflables, facilitando el acceso a actividades recreativas típicas de Punta del Diablo. El personal, con figuras como Soledad o Maca a la cabeza, era frecuentemente descrito como atento, amable y siempre dispuesto a ayudar, contribuyendo de manera decisiva al ambiente acogedor del lugar. La buena disposición y el trato cercano del equipo lograban a menudo compensar las falencias de infraestructura, dejando en muchos visitantes un recuerdo positivo y un deseo de regresar. De hecho, varios comentarios expresaban la intención de volver "apenas abra", un testimonio de la lealtad que el lugar supo generar, pero que lamentablemente choca con la realidad actual de su cierre definitivo.
Ubicación y Entorno
Situado a unos 400 metros de Playa Rivero y con un acceso cercano a Playa Grande, la ubicación de Flor de Pez era otro de sus puntos fuertes. Permitía a los huéspedes disfrutar de dos de las playas más conocidas de la zona con solo una corta caminata. Esta proximidad al mar, combinada con el entorno arbolado y tranquilo del camping, creaba una sensación de estar inmerso en la naturaleza sin estar completamente aislado del movimiento del pueblo. El equilibrio entre la tranquilidad de un camping y la cercanía a la vida social y las playas era, sin duda, una de las claves de su éxito y lo diferenciaba de otros hostales y cabañas más céntricos.
Un Recuerdo en la Historia de Punta del Diablo
Flor de Pez es ahora parte del recuerdo para quienes lo visitaron. Representó una opción de alojamiento con una personalidad muy marcada, que priorizaba la vida comunitaria y el contacto con el entorno natural. Sus carpas de glamping, su ambiente social y su ubicación estratégica fueron sus grandes fortalezas. Sin embargo, su problema crónico con el agua caliente fue una debilidad notable. Para los viajeros que hoy buscan opciones en Punta del Diablo, es crucial saber que deben buscar alternativas. Aunque las fotos y las viejas reseñas pinten la imagen de un lugar idílico, Flor de Pez ya no recibe huéspedes. Su historia sirve como un caso de estudio sobre cómo un gran concepto y una excelente atención pueden verse lastrados por fallos en servicios básicos, y como un recordatorio de que los negocios, incluso los más queridos, pueden llegar a su fin.