Hotel del Country
AtrásEl Hotel del Country, ubicado en la Avenida Martin Salaberry en Durazno, es hoy un recuerdo en la memoria de viajeros y locales, ya que se encuentra cerrado de forma permanente. Sin embargo, durante sus años de operación, se consolidó como una opción de alojamiento con una propuesta clara, aunque con marcados contrastes que definieron la experiencia de sus huéspedes. Su cierre ha dado paso a un nuevo proyecto urbanístico, el "Barrio del Country", que busca transformar los terrenos del histórico hotel en un fraccionamiento residencial exclusivo, conservando parte del entorno natural que lo caracterizaba.
Una Propuesta Familiar con Servicios Destacados
Este establecimiento se perfilaba principalmente como uno de los hoteles de tres estrellas orientado a familias. Su principal atractivo residía en sus instalaciones recreativas. Contaba con una piscina al aire libre y, un diferenciador clave, una piscina interior climatizada, que era especialmente valorada por los visitantes con niños, permitiendo su disfrute sin importar las condiciones climáticas. Además, la oferta se complementaba con canchas de tenis y espacios para eventos, lo que lo convertía en una opción versátil para diferentes tipos de estadías.
Uno de los puntos más elogiados de forma consistente por quienes se hospedaron allí era la calidad humana de su personal. Las reseñas frecuentemente mencionan un trato amable, atento y servicial, que lograba que muchos huéspedes se sintieran "como en casa". Esta calidez en el servicio se extendía al área gastronómica; varios visitantes destacaron la comida como casera, abundante y de muy buen sabor, con personal dispuesto a preparar cenas especiales si se solicitaba con antelación, un detalle que demostraba flexibilidad y enfoque en el cliente.
Las Contradicciones: Infraestructura y Gestión de Espacios
A pesar de sus fortalezas en servicio y ambiente, el Hotel del Country presentaba debilidades significativas en su infraestructura, un factor que probablemente influyó en su posicionamiento en el mercado de alojamientos de Durazno. Las habitaciones eran descritas como discretas y, en algunos casos, pequeñas. Los huéspedes señalaban problemas recurrentes en los baños, como la falta de extractores de aire o duchas sin cerramiento completo, lo que inevitablemente mojaba el piso del baño.
Otro aspecto criticado era la antigüedad de ciertos equipamientos. Mientras que las camas eran consideradas cómodas, elementos como los televisores y los equipos de aire acondicionado se percibían como anticuados. La señal de televisión por cable también fue motivo de queja, calificada como deficiente por algunos. El desayuno, si bien compuesto por productos frescos, era considerado poco variado, lo que restaba puntos a la experiencia general para un hotel de su categoría.
El Dilema de las Áreas Comunes
Las áreas de piscina, aunque eran un gran atractivo, también generaban opiniones encontradas. Mientras la piscina interior era un éxito, la zona de la piscina climatizada fue descrita como algo descuidada y con un pavimento resbaladizo, lo que suponía un riesgo para la seguridad. Un punto de fricción particularmente interesante era la gestión de la piscina exterior. Según testimonios, durante ciertas horas de la tarde (de 16:00 a 20:00 hs), el área se convertía en una especie de colonia de vacaciones infantil abierta a no huéspedes, lo que rompía por completo la tranquilidad que muchos viajeros buscaban en un entorno "country". Esta práctica, aunque posiblemente rentable para el negocio, chocaba directamente con las expectativas de los huéspedes que pagaban por un ambiente de paz y descanso, similar al que podrían buscar en cabañas o hostales más apartados.
Un Balance Final de su Legado
En retrospectiva, el Hotel del Country fue un establecimiento de contrastes. Ofrecía un servicio humano excepcional y una comida casera que dejaba una grata impresión. Sus instalaciones recreativas, especialmente la piscina cubierta, lo hacían una opción atractiva para familias. Sin embargo, no logró mantenerse al día en cuanto a la modernización de sus habitaciones y equipamiento. Las decisiones sobre la gestión de sus espacios comunes, como permitir el acceso masivo a su piscina exterior, generaron una experiencia inconsistente para sus huéspedes.
Su cierre marca el fin de una era para uno de los hoteles más conocidos de Durazno, pero su legado continúa a través del nuevo desarrollo inmobiliario que ocupa su lugar. Para quienes lo visitaron, quedará el recuerdo de un lugar con un enorme potencial, un personal memorable y una serie de falencias que, finalmente, son parte de su historia.